Inteligencia: más cultural que genética #13

Homero intelecual | Imágenes de los simpson, Dibujos de los simpson,  Personajes de los simpsons

Definir inteligencia es un asunto tan delicado que hasta los mismos especialistas llevan décadas en controversia (Troy, 1994). La definición más aceptada indica que inteligencia refiere a aquella capacidad para resolver problemas. Se dice que una forma aceptable de medir la inteligencia está en las pruebas de coeficiente intelectual (IQ). Empleando estas herramientas uno obtiene un número que grafica un resultado específico: promedio, superior, muy superior, etcétera.

Aunque no sean lo mismo, muchas cosas se han dicho sobre el IQ y la inteligencia. Quizá la más polémica es que ambas dependen de la genética, es decir, que existirían rasgos genéticos que influyen poderosamente en los resultados de las pruebas de IQ (y, por consiguiente, en la inteligencia). ¿Qué tan cierto es esto? ¿Realmente podemos decir que la inteligencia es genética? Según algunos estudios, el IQ es altamente heredable; esto significa que la inteligencia podría ser transmitida de padres a hijos.

Sin embargo, recientemente se ha establecido que la heredabilidad de la inteligencia no es lo que algunos creen que es. Afirmar que el IQ o la inteligencia son heredables no significa que puedan heredarse genéticamente sin la influencia de variables ambientales. De hecho, ningún estudio ha probado que la heredabilidad del IQ ocurra por sí sola. Como tal, la heredabilidad del IQ ocurre no independientemente el entorno, sino gracias al entorno.

«Pero, como mínimo, estos hallazgos deberían hacerle pensar dos veces sobre el significado de la frase ‘heredabilidad de la inteligencia’. En lugar de un índice de cuán ‘genética’ es una prueba de coeficiente intelectual, es más probable que en la sociedad occidental, donde las oportunidades de aprendizaje difieren tan drásticamente entre sí, la heredabilidad le diga cuánto influye la cultura en la prueba.» (Kaufman, 2013)

«Todos los rasgos muestran una influencia ambiental sustancial, ya que la heredabilidad no es del 100% para ningún rasgo. La aceptación de la importancia de las influencias tanto genéticas como ambientales conduce a un interés en la interacción entre los genes y el medio ambiente, como su interacción (moderación) y correlación (mediación) en el desarrollo de rasgos complejos…» (Plomin y Deary, 2015, p. 98)

Muchas pruebas de IQ contienen preguntas sobre razonamiento verbal, razonamiento matemático o historia universal; por tanto, quien no haya recibido lecciones en esos temas difícilmente podrá responder. La heredabilidad del IQ ocurre cuando padres e hijos han tenido una educación de calidad. Si un padre tuvo educación, pero su hijo no, sus genes podrán heredarse, pero sus resultados de IQ serán desfavorables. El IQ es heredable solo si el entorno facilita dicha heredabilidad. Por ello, puede decirse que el entorno es el factor más importante para la inteligencia.

«Para ser claros: estos hallazgos no significan que las diferencias en la inteligencia estén completamente determinadas por la cultura. Numerosos investigadores han descubierto que la estructura de las habilidades cognitivas está fuertemente influenciada por los genes (aunque no tenemos la más remota idea de qué genes son importantes de manera confiable). Lo que sí sugieren estos hallazgos es que la cultura, la educación y la experiencia tienen un papel mucho mayor en el desarrollo de la inteligencia de lo que han asumido las teorías dominantes de la inteligencia.» (Kaufman, 2013)

Pese a ello, algunos consideran que la genética tiene mayor influencia en el IQ y la inteligencia. El problema es que esto no se respalda mostrando evidencia concreta, sino bajo la suposición de que, si los genes no influenciaran la genética, la selección natural no podría actuar sobre la inteligencia, por tanto, nuestra inteligencia sería la misma de la de una lagartija. A todas luces, estas son inferencias mal formuladas. Si bien es cierto que el IQ puede heredarse, lo que determina esa heredabilidad no son los rasgos genéticos ni biológicos por sí mismos, sino el entorno.

Esto significa que lo genético sí influye en la heredabilidad del IQ, pero solo si el entorno lo posibilita y a nivel individual. Apelar a la genética para explicar las diferencias de IQ entre individuos no es problemático (aunque para algunos lo sea). Lo que sí es criticable es explicar el IQ de toda una población solamente apelando a la genética. Para el neurogenetista Kevin Mitchell (2018), si bien la genética contribuye a explicar las diferencias de inteligencia entre individuos, «es poco probable que haya diferencias genéticas estables y sistemáticas que hagan que una población sea más inteligente que la siguiente».

Cuando alguien dice la inteligencia es genética está hablando de forma general. Esto equivale a decir la pobreza es un hecho social o la corrupción es un hecho político. Si bien algunos casos de pobreza o corrupción dependen de factores no sociales ni políticos, en la mayoría de casos, de forma general, la pobreza y la corrupción sí dependen de tales factores. Puede que Luis tenga más IQ que Juan por cuestiones genéticas, pero esta respuesta no se aplica si queremos saber por qué los latinoamericanos tenemos menos IQ que los asiáticos. Mejor que decir la inteligencia es genética sería decir la inteligencia no es genética, ya que en la mayoría de casos el IQ no depende de factores genéticos, sino de factores socioeconómicos y educativos.

«James Flynn, filósofo neozelandés y especialista en IQ, ha establecido que en todo el mundo occidental el IQ aumentó notablemente de 1947 a 2002. Sólo en los Estados Unidos, aumentó en 18 puntos. Nuestros genes no podrían haber cambiado lo suficiente durante un período tan breve como para explicar el cambio; debe haber sido un resultado de poderosos factores sociales. […]
Lo más importante es que sabemos que las intervenciones en todas las edades, desde la infancia hasta la universidad, pueden reducir las diferencias raciales tanto en IQ y en rendimiento académico, a veces por cantidades sustanciales en sorprendentemente poco tiempo. Esta mutabilidad es una prueba más de que las diferencias de IQ tiene causas ambientales, no genéticas.» (Nisbett, 2007)

La suprema importancia del entorno en la heredabilidad del IQ hace que, para algunos, la inteligencia no sea un fenómeno genético ni psicológico, sino cultural. Como tal, la cultura no solo es capaz de posibilitar la heredabilidad del IQ, sino también estipular lo que constituye una persona inteligente. De hecho, según antropólogos las pruebas de IQ están sesgadas culturalmente, es decir, que miden lo que nuestra sociedad considera como señal de inteligencia (Crosser, 2010; Cohen, 2011). Dado que la inteligencia es la capacidad para resolver problemas, es claro que los problemas del pueblo hadza del norte de Tanzania son diferentes a los problemas de los habitantes de Sao Paulo.

«El psicólogo Michael Cole y algunos colegas dieron una vez a los miembros de la tribu Kpelle, en Liberia, una versión de la prueba de similitudes Wisc: tomaron una canasta de alimentos, herramientas, recipientes y ropa y pidieron a los miembros de la tribu que los clasificaran en categorías apropiadas. Para frustración de los investigadores, los Kpelle eligieron emparejamientos funcionales. Juntaron una papa y un cuchillo porque se usa un cuchillo para cortar una papa. “Un hombre sabio solo puede hacer esto y aquello”, explicaron. Finalmente, los investigadores preguntaron: “¿Cómo lo haría un tonto?” Los miembros de la tribu inmediatamente volvieron a clasificar los artículos en las categorías “correctas”.» (Gladwell, 2007)

«La prueba de IQ es una prueba cultural, después de todo, una medida de lo que ‘nosotros’ valoramos como inteligencia. En su mayor parte, un enfoque típico de la antropología cultural sería atacar a los ‘fundamentalistas del IQ’ y examinar sus prejuicios y los procesos de poder que ayudan a sostener este pernicioso discurso. Una antropología biológica informada continuará señalando que no existe una base biológica para nuestra clasificación social de ‘razas’, ya que las variaciones dentro de esas razas son genéticamente mayores que las que se encuentran entre nuestras razas socialmente definidas, así como el hecho de que los rasgos biológicos no caen en una ‘categoría racial’ clara, sino que varían de una manera no concordante entre las poblaciones del mundo.» (Lende, 2007)

The Hadza Helping Hunter Gatherers Protect Their Homeland
Para un hadza será más importante saber cazar, que saber resolver ecuaciones de segundo grado.

Como vemos, antes de preguntar cuán genética es la inteligencia, deberíamos preguntar cuán importante son el entorno y la cultura. Solo después de haber contestado esto, podremos responder si algún rasgo genético es lo suficientemente relevante como para afirmar, de forma general, que la inteligencia es genética.

Referencias.

Cohen, M. (2011). An anthropologist looks at “race” and IQ testing, en J. Fish (ed.), Race and intelligence: Separating science from myth (pp. 201-223). NJ: Lawrence Erlbaum.

Crosser, C. (2010). IQ: Viewpoints and controversies, en H. Birx (ed.), 21 century anthropology: A reference handbook (pp. 960-969). UK: SAGE.

Gladwell, M. (2007). None of the above: What IQ doesn’t tell you about race. https://www.newyorker.com/magazine/2007/12/17/none-of-the-above

Kaufman, S. (2013). The heritability of intelligence: Not what you think. https://blogs.scientificamerican.com/beautiful-minds/the-heritability-of-intelligence-not-what-you-think/

Lende, D. (2007). IQ, environment & anthropology. https://neuroanthropology.net/2007/12/28/iq-environment-anthropology/

Mitchell, K. (2018). Why genetic IQ differences between ‘races’ are unlikely. https://www.theguardian.com/science/blog/2018/may/02/why-genetic-iq-differences-between-races-are-unlikely

Nisbett, R. (2007). All brains are the same color. https://www.nytimes.com/2007/12/09/opinion/09nisbett.html

Plomin, R. y Deary, I. (2015). Genetics and intelligence differences: Five special findings. Molecular Psychiatry, 20, 98-108.

Troy, T. (1991). The “correct” definition of intelligence. International Journal of Intelligence and CounterIntelligence, 5(4): 433-454.

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